Las aguas termales son parte de la identidad georgiana. Una leyenda cuenta que el rey cazaba en la zona, su halcón cayó en un manantial caliente — y así se fundó la capital. Hoy es una de las experiencias más georgianas que existen.
Abanotubani — el barrio de los baños
En el corazón del viejo Tiflis, una hilera de edificios con cúpulas bajas de ladrillo bajo las que hay piscinas de azufre. Puedes alquilar una sala privada (bañera, ducha, a veces sauna) por horas, o entrar en una sala pública más económica.
Cómo llegar: el barrio está a poca distancia a pie de la fortaleza de Narikala y del jardín botánico. La mayoría de los baños abren de la mañana a la noche.
El masaje kisa
La experiencia tradicional: un masajista frota el cuerpo con una manopla kisa rugosa y espuma de jabón — exfolia, activa y resulta algo brusco. No apto para sensibles, pero inolvidable.
Cuánto cuesta
Una sala privada ronda entre 50 y 150 lari por hora (según el baño y el tamaño), y el masaje kisa añade unos 20–30 lari. La sala pública es mucho más barata. Conviene reservar con antelación los fines de semana.
Borjomi y Tskaltubo
Fuera de la capital: Borjomi es famosa por su agua mineral — se puede beber directamente del manantial en el parque de la ciudad. Tskaltubo es una ciudad balneario de la época soviética, con monumentales edificios de baños restaurados y aguas de radón conocidas por sus propiedades.
Los baños son la forma perfecta de cerrar un día de caminata en la montaña o de abrir la mañana antes de recorrer el casco antiguo.
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